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"Luego de la boda caímos en un silencio sordo y abrumador. Ella estaba cansada; tan cansada. Sus ojos somnoliento exigían caer en la cuna de Morfeo. Se arrojó en nuestra cama sola y vacía en busca de alcanzar otro sueño. Después de tantos años, eramos formalmente una pareja ante los ojos de Dios. Me detuve de pie a su lado para observarla; desde este angulo su belleza aumentaba. Se veía tan hermosa allí acostada con sus parpados brillando y sus labios rojos entumecidos por el frío. Cubrí su cuerpo con la manta blanca y continué amándola desde allí. No sentía ganas de correr a acariciarla, ni besarle, ni tampoco coger en ese momento con ella como se suele hacer luego de una boda. No, esto era diferente. Yo era fiel a su eterna belleza, a su deslumbrante esencia que se ocultaba tras su pecho que parecía el paraíso con ese gran escote. Ya nos estábamos queriendo. Eso, justo eso, también era hacer el amor."
-Luego de la boda. Tatiana C. (via migajasyescritos)